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Las ganas de mostrar empatía con un simple abrazo aumentaban con cada paciente que me contaba historias del confinamiento realmente trágicas: teletrabajo con niños pequeños y ningún balcón, abuelos aislados y asustados, familiares incomunicados en la UCI, a los que nadie podía visitar. Solo podía transmitir fuerza con mis ojos y mis palabras, y así lo hice.

Nuria Nogueron
Odontóloga
(Barcelona)
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